Las herencias ocultas by Carlos Monsiváis — Read

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Ignacio Manuel Altamirano nace en Tixtla, estado de Guerrero, el 13 de noviembre de 1834, hijo de un notable del lugar (dos veces alcalde). Su discípulo Luis González Obregón describe la niñez en Tixtla, donde las desventajas formativas son todas: «Hasta la edad de catorce años [Altamirano] fue el tipo de los hijos de nuestros indígenas que no tienen más patrimonio que una milpa y unos asnos, una choza y una poca de voluntad para el trabajo. Altamirano vivió así, humilde, casi salvaje, sin saber el idioma español. » En 1849 una beca para estudiantes indios le permite ingresar al Instituto Científico y Literario de Toluca, donde estudia español, latín, francés y filosofía, es el bibliotecario del plantel y el discípulo predilecto de su maestro de literatura, Ignacio Ramírez, el más radical de los liberales. De Ramírez aprende Altamirano la intransigencia jacobina y el afán enciclopédico.

Al salir de Toluca, Altamirano viaja de pueblo en pueblo, es profesor de primaria, dramaturgo y apuntador de una compañía de cómicos de la legua. Ya en la Ciudad de México estudia en el Colegio de Letrán, colabora en la prensa, da clases de latín. (Sin la precocidad de los mejores no se entiende la época.) En 1854 se incorpora a las fuerzas de Juan Álvarez en guerrero, en el movimiento del Plan de Ayutla. Luego, participa en las Guerras de Reforma, es diputado al Congreso Federal y allí es el más intransigente, el émulo de Robespierre. En la Cámara de Diputados pronuncia un discurso contra la amnistía, «con toda la conciencia de un hombre puro, con todo el corazón de un liberal, con la energía justiciera del representante de una nación ultrajada» (el 10 de julio de 1861). Se niega a la clemencia, y condena al gobierno por ser «generoso a medias y justiciero a medias»:

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