Explore "Oficio de tinieblas" by Rosario Castellanos on Textopian. Read with annotations and highlights.
CUANDO Teresa Entzín López huyó de casa de Leonardo Cifuentes (la fuga de un animal que ha dejado de ser útil y que se esconde buscando un sitio para acabar) no supo dónde ir. Los primeros pasos por las calles de la ciudad -una ciudad que había dejado de pertenecerle puesto que ya no contaba con el respaldo de sus amos- fueron vacilantes. No podía pensar en la posibilidad de acomodarse con otra familia coleta porque la servidumbre en ella había tomado forma de fidelidad. Tampoco estaba muy segura de querer regresar con los indios pero, por falta de una alternativa mejor, se dirigió al mercado donde, acabadas las transacciones, los vendedores chamulas se disponían a volver a sus parajes.
Teresa se unió a un grupo de mujeres. Se insinuaba en silencio, con humildad, para disipar el gesto de desconfianza con que la acogieron. Como ella no llevaba ningún cargamento supo hacerse agradable ayudando a las otras a transportar los suyos. Esa primera noche durmió arrimada al rescoldo de unos desconocidos y cuando le preguntaron de dónde venía y quién era contó una historia de años de secuestro en casa de unos ricos de Jobel, habló de malos tratos y de amenazas. Los demás la creyeron. ¿Qué de raro había en lo sucedido? Y a cambio de que trabajara en el jacal y en la milpa, vino a formar parte de la familia del "pasado" martoma Rosendo Gómez Oso, en el paraje de Majomut.