Explore "El buey suelto" by José María de Pereda on Textopian. Read with annotations and highlights.
Solita no cesa de mirar á la calle por las vidrieras del balcón, como hace quien espera con ansia á una persona, ó quien teme que llegue otra que no debe llegar.
No puede ser de las últimas la que, al cabo, columbra, según la prisa que se da á salir á la sala, tumbarse con languidez en una butaca y dar á los pliegues de su falda y á cuanto cuelga en su doméstico arreo, la caída y el aire que corresponden á la palidez de su semblante. porque es de advertir que su semblante está mucho más pálido y ojeroso que de costumbre.