Explore "La invención de América" by Edmundo O'Gorman on Textopian. Read with annotations and highlights.
Las promesas de Colón habían resultado ser un falso señuelo. Las esperanzas de oro cosechable como fruta madura se reducían al aleatorio futuro de unas minas que requerían sudor y privaciones. El suave clima y la perfumada templanza de los aires cobraron en vidas de cristianos su pestífero engaño. Huracanes diabólicos sembraron naufragios. La soñada concordia que iba a presidir en la fundación y vida de la nueva colonia se tradujo en odio, prevaricato y disidencia, y los mansos e inocentes pobladores naturales de aquel ficticio paraíso, supuestos amigos de los cristianos y amantísimos vasallos, mostraron su índole bestial: gente perezosa y proterva, buena para asesinar si se ofrecía la ocasión, mala para laborar y cubrir tributos. Adoradores encubiertos de Satanás, o al menos dóciles instrumentos de sus aviesos designios, la beata imagen de la edad de oro rediviva se transmutó, al conjuro del desengaño, en edad de hierro en que dominaba la creciente convicción de que aquellos desnudos hijos del Océano formaban parte del vasto imperio de la barbarie, el señorío, confesado o no, del príncipe de las tinieblas, el enemigo del hombre. Un profundo escepticismo invadía a la empresa que a muchos pareció loco y peligroso sueño que acarrearía la ruina de España.[36] Precisaba atajar el mal, y Colón, con su tenacidad característica y sostenido por la verdad de su creencia, le metió el hombro a la ingrata tarea.[37]
[36]: Véase, entre muchos testimonios que pueden citarse para documentar ese escepticismo, la Carta de Colón sobre su tercer viaje (Navarrete, Colección, I, pp. 244-245) y otra Carta de Colón transcrita en parte por el P. Las Casas. (Historia, I, cxxxvi.)