Explore "Pueblo en vilo" by Luis González y González on Textopian. Read with annotations and highlights.
En una de las veces en que el padre de Cojumatlán vino a oír la última confesión de un moribundo del Llano de la Cruz, lo acompañó el diácono Esteban Zepeda, hijo de buenas familias sahuayenses. El diácono les propuso a los rancheros que levantaran una capilla en medio de la ranchería. Todos asintieron. El diácono se convirtió en presbítero y fue nombrado cura de Sahuayo en 1886. La idea de levantar capilla en el Llano de la Cruz se había ampliado. Ahora el señor cura Zepeda pensaba, como los rancheros, fundar una población con su plaza, su templo y sus calles a cordel. La coyuntura se presentó al finalizar el año de 1887. Entonces llegó a Sahuayo en visita pastoral don José María Cázares y Martínez. Con ese motivo, algunas personas del Llano de La Cruz acudieron a Sahuayo; llevaban a confirmar a sus criaturas. El señor cura Zepeda llamó aparte a los llaneros y les dijo: «Vamos a fundar el pueblo según lo quieren. Vean a su ilustrísima para que nos dé el permiso correspondiente». Luego les dio las instrucciones para abordar al obispo. Había que hincarse delante del él; besarle la esposa; la esposa era el anillo que llevaba en la mano derecha; no se fueran a confundir, como lo hizo el bobo que besó a una dama de alcurnia sentada al lado del señor obispo.
Los del Llano de la Cruz se fueron a ver al señor Cázares. Era un hombre digno de verse. Traía muy bien puestas las vestiduras de su oficio; se sentaba majestuosamente. Todas las calles estaban adornadas con papelitos de china. Las músicas de aliento no paraban de tocar. También se oían los cohetes. Todo el pueblo andaba tirando cohetes. El señor obispo era afable y tenía un gran dominio de sí. Gregorio González le dijo a lo que iban. El obispo preguntó si no había algún pueblo cerca del sitio donde querían fundar el suyo. Le dijeron que sí, que Mazamitla. «Esto está mal», dijo él. De todos modos los autorizó para hacer la fundación. Al salir de allí se fueron con el señor cura. «Muy bien», les dijo el padre Zepeda, «allá voy a trazar el pueblo».