Explore "Pueblo en vilo" by Luis González y González on Textopian. Read with annotations and highlights.
En aquellos tiempos no había en la jurisdicción de San José ni discordia social ni pobreza extrema ni quehaceres agobiantes ni comodidad. Eran frecuentes las zozobras y el miedo agudo y la alegría desbordante. La oscilación emotiva parece haber sido mayor que hoy. Fácilmente se pasaba del sufrimiento al gozo y viceversa. Emotividad y religiosidad se mezclaban muy a menudo. Temor, aguda conciencia de pecado, placer erótico, arrepentimiento en masa. No eran holgazanes ni los amos ni los sirvientes, pero unos y otros tenían mucho tiempo de sobra y suficientes recursos para permitirse solaces. Si se los dieron sus progenitores, menos pudientes que ellos, con más razón se los darían ellos. Pero los solaces siempre fueron esporádicos y cortos.
Solaces gastronómicos: bebidas embriagantes, cigarrillos y antojos. El consumo de aguardiente de mezcal era abundante. Únicamente en el pueblo había 10 profesionales de la embriaguez. No se tiene noticia de que haya habido abstemios totales. Los hombres (las mujeres casi nunca) se emborrachaban en las fiestas. Pero las fiestas no eran muy frecuentes. Había 130 bautizos al año y muy pocos se celebraban; había 30 bodas y muchas pasaban en seco. Para los más, el aguardiente no era pan de cada día; el cigarrillo de hoja lo era de cada rato. Fumaban mucho hombres y mujeres. Por supuesto que las comidas de antojo no eran únicamente para las mujeres embarazadas; se servían en día de fiesta, en bautizos y bodas, en herraderos y cosechas, se podían servir un día cualquiera en la casa; las servían las mujeres para solaz del marido, del padre y los hermanos, a quienes se les antojaban con frecuencia los tamales, los buñuelos, el minguiche, los moles picantísimos, las enchiladas, las sopas de elote, las tortas de requesón y el arroz con leche, y en la cuaresma, la capirotada y los torreznos.[17]