Pueblo en vilo by Luis González y González

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Las 40 familias «ricas», salvo tres excepciones, son propietarias de ranchos con una superficie que oscila entre 30 y 500 hectáreas. Ocho ricos tienen más de 300 hectáreas; 22 entre 100 y 299, y seis entre 30 y 99. Antes había una correspondencia exacta entre rico y latifundista. Ahora no. De los ocho que ganan más, por lo menos la mitad no son propietarios mayores, y uno de ellos no tiene ninguna propiedad rústica. Tampoco conservan el monopolio de la riqueza las antiguas familias. De las 40 de ahora, 14 son ricas nuevas. El 90% vive habitualmente en el pueblo de San José. Algunas de las rancherías mayores (Ojo de Rana, San Miguel y Paso Real) tienen de una a tres familias acomodadas. Casi todas ellas son de origen ejidal. Los jefes de esas familias fueron o son líderes ejidales.

Los «ricos» son una o dos de estas tres cosas: señores de berras y ganados, comerciantes y profesionistas. La gran mayoría corresponde a la primera especie y se pueden contar con los dedos de una mano los de la tercera, y con los de ambas manos los de la segunda. Muchos de los terratenientes y mercaderes son medio industriales. La transformación primaria de lo que producen o expiden es lo que les da mayor provecho, y lo saben. También son conscientes de que la riqueza y el profesionalismo andan ahora juntos. «Por peor que le vaya a cualquier profesionista gana tanto como un pequeño propietario y sin tantas zozobras. Ya vale más saber que tener en un pueblo rabón como el nuestro. Para muestra con el médico basta».

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