Explore "Ulises criollo" by José Vasconcelos on Textopian. Read with annotations and highlights.
Los sucesos notables giraban en Piedras Negras en torno al puente. Arteria internacional, salto audaz sobre el abismo de dos naciones, ruta suspendida en el aire. Por abajo corren aguas abundantes de aluvión, jugando en remolinos que son trampas mortales para el nadador. Nunca se agota el caudal líquido aunque disminuya en verano. Varios afluentes, como el Pecos caudaloso y riachuelos y arroyos, mantienen el correr milenario. En el otoño se producen frecuentes y peligrosas avenidas. Dos veces han sido arrastrados tramos enteros del puente con todo y pilastras de hormigón armado. La primera catástrofe ocurrió uno o dos años después de la inauguración.
Para contemplar de cerca la corriente, numerosos vecinos de los dos pueblos pagaron el acceso a fin de instalarse en los barandales interiores sobre el avance de las aguas. Desde la aparente seguridad de los entarimados, era emocionante observar el torrente. Imponía el oleaje formado en torno de las dobles y gruesas pilastras; conmovía los hierros de la estructura. Nadie advirtió que las ramazones acarreadas por la corriente se acumulaban en ciertos sitios, aumentando enormemente la presión. Inesperadamente crujieron las junturas, se desgarró la madera y cayó un tramo a la corriente, luego otro, arrastrando ambos centenares de personas que se hundieron en el agua para siempre o reaparecieron a corta distancia luchando en el turbión. Desde las secciones intactas, algunos buenos vecinos tiraban cables que salvaron a contados náufragos. La mayor parte de los que cayeron al agua pereció al instante. Nos hallábamos nosotros en el extremo tejano del viaducto, a donde casi no llegó el pánico, pero sí el horror del espectáculo. Los daños materiales se repararon rápidamente, pero el público quedó desconfiado y el tráfico se interrumpía durante las horas de las máximas avenidas.