Explore "Lenin" by Leon Trotsky on Textopian. Read with annotations and highlights.
Inmediatamente después del 1.o de marzo de 1881, el Comité Ejecutivo de la Narodnaia Volia ofreció a Alejandro III, en una carta abierta, terminar con la lucha terrorista si él, nuevo zar, convocaba a los representantes del pueblo. «La marcha de los acontecimientos» no es una metáfora sino una realidad: sabe hacerse retractar a quienes no la comprenden. No hacía mucho tiempo, los populistas despreciaban una constitución, considerándola como un prólogo al capitalismo. Ahora, a cambio de la constitución, prometían renunciar a la lucha revolucionaria. El espantado zar lloraba sobre el chaleco de su preceptor Pobiedonovzev. Sin embargo, no duraron mucho las vacilaciones en los círculos dirigentes. La acción terrorista no había hallado eco alguno en el país. Los campesinos consideraban el asesinato del zar como una venganza de la nobleza. Los obreros que adherían al movimiento revolucionario eran muy escasos. Los liberales se agazapaban. Nadie apoyó las reivindicaciones del Zemsky Sober (Asamblea de la tierra). El gobierno recuperó los ánimos, persuadido de que los terroristas no representaban a nada ni a nadie, salvo a su heroísmo personal. El 29 de abril, el zar promulga un manifiesto en que declara inquebrantable la autocracia. Al mismo tiempo se trama en secreto un movimiento de pogromos. En lo sucesivo, se sabe adónde se va. El procurador del sínodo, Pobiedonovzev; el ministro, conde Tolstoi y el publicista moscovita Katkov se convierten en los inspiradores del reinado que comienza. ¿Zemsky Sobor? Pero si basta echar una ojeada sobre los «parloteos» de los zemstvos provinciales. ¿Quiénes son sus dirigentes? «Individuos insignificantes, inmorales, que no viven con su familia, que se entregan al libertinaje. ». De esta forma Pobiedonovzev educaba al joven zar, que pasaba por ser un buen jefe de familia.
No les quedaba a los terroristas más que salir a la caza del nuevo zar. En tal sentido, uno de los representantes más prestigiosos de la Narodnaia Volia formuló el programa de acción: «¡Un Alejandro después del otro! » Pero esta fórmula quedó en el aire. El capital se había consumido. Se estaba muy lejos de una renovación de los efectivos. En 1883, el provocador Degaev entregó a V. N. Figner, una de las más notables figuras del Comité Ejecutivo. En 1884, G. A. Lopatin, que había tenido oportunidad en el extranjero de mantener un trato frecuente con Marx y Engels, regresó a Petersburgo para resucitar el terrorismo en su propio centro. Pero esto no funcionaba más. Cuando la policía arrestó a Lopatin, descubrió numerosas direcciones que le permitieron liquidar todo lo que aún quedaba de la Narodnaia Volia Este encadenamiento de reveses estaba regido por una lógica fatal. El movimiento político de la intelligentsia aislada se había reducido a la técnica del regicidio, que aisló a los mismos terroristas de la intelligentsia Lo inesperado desempeñaba un gran papel en los primeros efectos del terrorismo. Pero cuando la policía estuvo alerta, y comenzó a utilizar el arma de la provocación, estranguló al pequeño grupo terrorista. La continuidad organizativa se interrumpió definitivamente; sólo quedó la tradición, cada vez más corroída por las dudas. Nuevas tentativas de actividad revolucionaria bajo la antigua bandera tuvieron un carácter disperso, fortuito, por así decirlo, y no dieron siquiera resultados parciales. Sin embargo, la inercia provocada por el espanto en el palacio imperial no desapareció tan rápido. Alejandro III no abandonaba Gatchina. Por temor a los atentados, el coronamiento fue diferido hasta mayo de 1883. Pero no hubo atentados. El día de su coronación, el zar expuso ante los decanos de los distritos un programa claro: «Obedeced a vuestros mariscales de la nobleza y no creáis en los rumores absurdos, insensatos, sobre un nuevo reparto de las tierras. ».