Explore "1905" by Leon Trotsky on Textopian. Read with annotations and highlights.
Rusia cuenta con 5,4 millones de kilómetros cuadrados en Europa, 17,5 millones en Asia y 150 millones de habitantes. Sobre estos inmensos espacios, todas las épocas de la cultura humana: desde la barbarie primitiva de los bosques septentrionales, en que se come pescado crudo y se ora ante un trozo de madera, hasta las nuevas condiciones sociales de la vida capitalista, en que el obrero socialista se considera como participante activo de la política mundial y sigue atentamente los acontecimientos de los Balcanes o los debates del Reichstag. La industria más concentrada de Europa sobre la base de la agricultura más atrasada. La máquina estatal más poderosa del mundo, que emplea todas las conquistas del progreso técnico para obstaculizar el progreso histórico en su país. En los capítulos precedentes, hemos intentado, dejando a un lado detalles, proporcionar un cuadro general de las relaciones económicas y los contrastes sociales de Rusia. Ése es el suelo sobre el que crecen, viven y luchan entre sí las clases. La revolución nos mostrará estas clases en el período de la lucha más encarnizada. Pero, en la vida política, actúan directamente los grupos constituidos conscientemente: partidos, asociaciones, ejército, burocracia, prensa y, por encima de todo ello, los ministros, los dirigentes, los demagogos y los verdugos. Resulta imposible discernir las clases a primera vista; ordinariamente permanecen entre bastidores. Lo cual no excluye que los partidos, sus jefes, los ministros y sus verdugos, sean los órganos de las clases. Ciertamente, importa que estos órganos sean buenos o malos para la marcha y resultado de los acontecimientos. Si los ministros no son más que jornaleros «de una razón de Estado objetiva», eso no los libera de la necesidad de tener un poco de cerebro en el cráneo (circunstancia que olvidan con frecuencia). Por otra parte, la lógica de la lucha de clases no nos dispensa de emplear nuestra lógica subjetiva. El que no es capaz de encontrar espacio para su iniciativa, su energía, su talento y un cierto heroísmo en el marco de la necesidad económica, no posee el secreto filosófico del marxismo. Por otro lado, si queremos comprender el proceso político -en la presente circunstancia la revolución en su conjunto-, debemos ser capaces, por debajo del abigarramiento de los partidos y de los programas, de la perfidia y los apetitos sanguinarios de unos, el valor y el idealismo de otros, de descubrir los contornos reales de las clases sociales, cuyas raíces se hunden en las entrañas profundas de la producción y cuyas flores se abren en las esferas superiores de la ideología.
LA CIUDAD MODERNA