Explore "Historia de las izquierdas en España (1789-2022)" by Juan Sisinio Pérez Garzón on Textopian. Read with annotations and highlights.
Conviene considerar que el movimiento democrático desarrollado en Europa desde la década de 1840 albergó en su seno un gran abanico de ideas, tan amplio como contradictorio. El concepto de democracia se desplegó con una doble perspectiva en sus orígenes. Una, la democracia representativa, prolongación del liberalismo, que ampliaba las libertades individuales civiles con el derecho político a elegir y a ser elegidos todos como representantes de la soberanía popular, lo que implicaba ampliar el voto y la elección de los órganos decisorios llegando hasta la propia Jefatura del Estado -era la propuesta republicana-, y también ampliando el derecho al voto para las mujeres, una reivindicación que se hizo de modo más tardío y minoritario. La otra concepción, igualmente derivada del principio de soberanía popular, fue desarrollada por teóricos socialistas que propusieron no solo la igualdad en derechos políticos sino también en derechos sociales, lo que suponía revolucionar las relaciones económicas para establecer la igualdad política y socioeconómica. Si el sufragio universal era la meta de llegada para los primeros, para los socialistas solo era una parte del camino que debía seguir hasta la conquista, bien de una democracia directa para unos, bien del control de las decisiones económicas para otros. Esta última interpretación conducía a una democracia económica de autogestión por los trabajadores. Marx lo llamaría años más tarde el "autogobierno de los productores".
Por tanto, demócratas y socialistas compartieron en sus orígenes el citado principio de soberanía popular y la idea de que el protagonista de la historia y, por ende, de la política, era el pueblo, cuya voluntad soberana era indivisible, la única que podía legitimar a los Gobiernos. Los movimientos democráticos se erigieron, de este modo, en intérpretes de la auténtica voluntad soberana de un pueblo que, al estar excluido del voto por los liberales, tenía el derecho a derribar los Gobiernos que no cumplieran esa "voluntad general", tan colectiva como indivisible. De ahí que tanto o más que el voto, los demócratas pensaron y practicaron el derecho a la insurrección para alcanzar el interés público o bien común. Semejante estrategia insurreccional contra los poderes representativos controlados por el voto de los propietarios liberales persistió hasta bien entrado el siglo XX. Baste recordar a este respecto que en 1930 los republicanos y socialistas españoles apoyaron una insurrección militar para cambiar el sistema político.