Explore "Un joven distinguido" by José María de Pereda on Textopian. Read with annotations and highlights.
Esto ya es otra cosa. aquí puedo decir que estoy en mi casa. / ¡Qué toaletas; qué _negligés_ tan _chic_! . ¡Cómo se destacan las / madrileñas! . y ¡cómo me destaco yo! Empecemos por buscar á los / amigos; después á la rubia. La compañía le hace á uno más osado y hasta / más elocuente. No los veo por ninguna parte. Pero en cambio veo / á las de Potosí, que están aquí paseando. ¡Canastos! vienen solas. / ¿Y la rubia? . Lo más acertado será preguntar discretamente por / ella. -- Señoritas. -- Muy bueno, gracias. -- Sí: la tarde está hermosa / para eso. -- Ayer estaban ustedes más acompañadas. -- Palabra de honor: / jamás había visto á esa señorita. Hermosa es, en efecto; pero ¿y / qué? . -- Ni tarde ni temprano. -- ¡Que se ha marchado ya? . -- ¡Oh! no / me admiro por lo que ustedes creen, sino por lo poco que ha estado / aquí. -- De modo que veinticuatro horas escasas. -- Pues no vi yo á su / papá. -- ¡Barrizales! ¿Luego ella es Lola Barrizales, la que estaba en / un colegio de Alemania? Y ¿qué va á hacer ahora en Madrid? . -- ¡Que / va á casarse en cuanto llegue? . -- Nada hay de raro, en efecto, sino / que. en fin, que sea enhorabuena. Y hablando de otra cosa, ¿han visto / ustedes á Casa-Vieja y demás amigos por aquí? . -- Lo siento, porque / andaba buscándolos para un asunto. Veré si en la galería. Á los / pies de ustedes.
¡Horror y maldición! Conque era Lola Barrizales, y Barrizales es íntimo / de papá, y ella supo quién era yo: luego aquellas miradas eran lo que / yo me figuraba; y tal vez la sacrifican y ella quería decírmelo, y yo / pude haberlo impedido con una sola entrevista. ¡Maldito coche en que / se metieron ayer! ¡Lola Barrizales! ¡bella, rica y distinguida! . ¡Qué / ocasión para mí! ¡qué ocasión perdida, dioses inmortales! Pero ¿tiene / remedio ya este bárbaro contratiempo? Eso es lo que tengo que consultar / con mis amigos, y voy á buscarlos ahora mismo á la galería. Entraré / en ella muy pensativo y hasta cabizbajo, como quien lleva herido / el corazón: esta actitud me irá muy bien. Entremos. ¡Cuánta gente / elegante! . No están ellos aquí tampoco. En aquel extremo hay una / silla desocupada. La ocupo. Dos chicas muy guapas se han fijado en / mí. Buena ocasión para herirlas. Apoyo el codo en la barandilla, la / cabeza sobre la palma de la mano, y me pongo muy triste y melancólico. / Siguen mirándome. Y dirán ellas: -- «Ese joven debe de tener una / gran pesadumbre: ¡qué hermoso es! » y me compadecerán. Ahora miro / al suelo, apoyando la frente en mi mano; y como si quisiera ocultar / alguna lágrima que enturbiara mis ojos, doy golpecitos en el pie con el / bastón. Pero la angustia va en aumento, el disimulo no alcanza y vuelvo / la cara hacia la ermita. Para expresarlo mejor, muerdo el pañuelo. / Estoy así un ratito, como sollozando. ¡Qué hermoso debo de estar! . / Ahora, después de sonarme y guardar el pañuelo, debo levantarme y salir / de prisa, ocultando la cara, como si mi dolor se aumentase entre la / gente. Allá voy. Siguen mirándome las dos chicas, y creo que algunas / más. No importa: yo no puedo, no debo, en esta situación, fijarme en / nadie; á papá mismo negaría el saludo. ¡Magnífica salida he hecho! / ¡Qué interesante he estado! . Me parece que he causado gran efecto. Á / la noche indagaré si se habló algo de mí después que salí de la galería.