México insurgente by John Reed

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Habíamos terminado de desayunar y yo me estaba resignando a los diez días en Las Nieves cuando el general cambió de pronto de parecer. Salió de su cuarto rugiendo órdenes. En cinco minutos la casa era pura prisa y confusión: oficiales corriendo a envolver sus sarapes, mozos y soldados ensillando caballos, peones yendo y viniendo con brazadas de rifles. Patricio enganchó cinco mulas a la gran diligencia, copia exacta de la Deadwood Stage. Un correo salió al galope a convocar a la Tropa, que estaba acuartelada en el Canotillo. Rafaelito cargó el equipaje del general en la diligencia: consistía en una máquina de escribir, cuatro sables, uno de ellos con el emblema de los Caballeros de Pitias, tres uniformes, el fierro de marcar del general y una damajuana de cuarenta y cinco litros de sotol.

Y allí venía la Tropa, un humo andrajoso de polvo café a lo largo de leguas de camino. Al frente volaba una figurita chaparra y morena, con la bandera mexicana ondeando sobre él; llevaba un sombrero flojo cargado de dos kilos de galón de oro deslustrado, orgullo alguna vez, probablemente, de algún hacendado imperial. Siguiéndolo de cerca venían Manuel Paredes, con botas de montar hasta la cadera, sujetas con hebillas de plata del tamaño de un peso, azotando a su montura con lo plano del sable; Isidro Amayo, haciendo reparar a su caballo agitándole un sombrero en los ojos; José Valiente, haciendo sonar sus enormes espuelas de plata con incrustaciones de turquesa; Jesús Mancilla, con su cadena de latón reluciéndole al cuello; Julián Reyes, con estampas de colores de Cristo y de la Virgen prendidas al frente del sombrero; y atrás una maraña forcejeante de seis, con Antonio Guzmán tratando de lazarlos, las lazadas de su reata de crin remontándose fuera del polvo. Venían a todo galope, puros gritos indios y revólveres tronando, hasta que estuvieron a treinta metros; entonces frenaron cruelmente a sus caballitos de rancho hasta dejarlos tambaleándose, con la boca sangrando, en un remolino confuso de hombres, caballos y polvo.

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