México insurgente by John Reed

Read "México insurgente" by John Reed online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.

A quienes no lo conocen les parece increíble que esta figura notable, que ha subido de la oscuridad a la posición más prominente de México en tres años, no codicie la Presidencia de la República. Pero eso concuerda por entero con la sencillez de su carácter. Cuando se le pregunta, contesta como siempre con perfecta franqueza, justo en los términos en que uno se lo plantea. No se anduvo con sutilezas sobre si podía o no podía ser presidente de México. Dijo: "Yo soy peleador, no hombre de Estado. No tengo bastante instrucción para ser presidente. Apenas hace dos años aprendí a leer y a escribir. ¿Cómo podría yo, que nunca fui a la escuela, esperar poder hablar con los embajadores extranjeros y con los señores cultivados del Congreso? Sería malo para México que un hombre sin instrucción fuera presidente. Hay una cosa que no voy a hacer: tomar un puesto para el cual no sirvo. Hay una sola orden de mi jefe (Carranza) que me negaría a obedecer: que me mandara ser presidente o gobernador". En nombre de mi periódico tuve que hacerle esta pregunta cinco o seis veces. Al final se exasperó. "Ya le he dicho muchas veces", dijo, "que no hay posibilidad de que yo llegue a ser presidente de México. ¿Los periódicos están tratando de hacer un pleito entre mi jefe y yo? Ésta es la última vez que contesto esa pregunta. Al próximo corresponsal que me la haga lo mando nalguear y lo mando a la frontera". Durante días anduvo refunfuñando con humor sobre el chatito que le seguía preguntando si quería ser presidente de México. La idea parecía divertirlo. Siempre que iba a verlo después de aquello, solía decirme al final de nuestra plática: "Bueno, ¿hoy no me va a preguntar si quiero ser presidente? ". Nunca se refería a Carranza más que como "mi jefe", y obedecía sin chistar la menor orden del "Primer Jefe de la Revolución". Su lealtad a Carranza era perfectamente obstinada. Parecía pensar que en Carranza estaban encarnados los ideales enteros de la Revolución. Esto, a pesar de que muchos de sus asesores trataban de hacerle ver que Carranza era esencialmente un aristócrata y un reformista, y que el pueblo peleaba por algo más que reformas.

El programa político de Carranza, tal como está expuesto en el Plan de Guadalupe, evita cuidadosamente toda promesa de solución a la cuestión de la tierra, salvo una vaga adhesión al Plan de San Luis Potosí de Madero, y es evidente que no piensa promover ninguna restitución radical de la tierra al pueblo hasta que sea presidente provisional, y entonces proceder con mucha cautela. Entretanto parece haberlo dejado al criterio de Villa, así como todos los demás detalles de la conducción de la Revolución en el norte. Pero Villa, siendo peón, y sintiendo con ellos -más que razonándolo conscientemente- que la cuestión de la tierra es la verdadera causa de la Revolución, actuó con característica prontitud y franqueza. Apenas hubo arreglado los detalles del gobierno del estado de Chihuahua y nombrado a Chao gobernador provisional, expidió una proclama entregando sesenta y dos acres y medio de las tierras confiscadas a cada ciudadano varón del estado, y declarando estas tierras inalienables por causa alguna durante un plazo de diez años. En el estado de Durango ha ocurrido lo mismo, y conforme otros estados queden libres de guarniciones federales, seguirá la misma política.

Reading navigation