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También en campaña Villa tuvo que inventar un método de guerra enteramente original, porque nunca tuvo ocasión de aprender nada de la estrategia militar aceptada. En eso es, sin la posibilidad de la menor duda, el mayor caudillo que ha tenido México. Su modo de pelear se parece asombrosamente al de Napoleón. El secreto, la rapidez de movimiento, la adaptación de sus planes al carácter del terreno y de sus soldados, el valor de una relación íntima con la tropa y de construir entre el enemigo la tradición de que su ejército es invencible y de que él mismo lleva una vida encantada: éstos son sus rasgos. No sabía nada de las normas europeas aceptadas de estrategia ni de disciplina. Uno de los males del ejército federal mexicano es que sus oficiales están completamente saturados de teoría militar convencional. El soldado mexicano sigue estando mentalmente a fines del siglo XVIII. Es, ante todo, un guerrillero suelto e individual. El papeleo simplemente paraliza la máquina. Cuando el ejército de Villa entra en batalla no lo estorban los saludos, ni el respeto rígido a los oficiales, ni los cálculos trigonométricos de las trayectorias de los proyectiles, ni las teorías sobre el porcentaje de impactos en mil tiros de fusil, ni la función de la caballería, la infantería y la artillería en tal o cual posición, ni la obediencia rígida al saber secreto de sus superiores. Le recuerda a uno al ejército republicano andrajoso que Napoleón llevó a Italia. Es probable que el propio Villa no sepa mucho de esas cosas. Pero sí sabe que a los guerrilleros no se les puede arrear a ciegas en pelotones por el campo a paso perfecto, que los hombres que pelean individualmente y por su propia voluntad son más valientes que las largas filas que descargan en las trincheras, arreadas a eso por oficiales con lo plano del sable. Y donde la pelea es más feroz -cuando una turba andrajosa de hombres morenos y fieros con bombas de mano y rifles se lanza por las calles barridas de balas de un pueblo emboscado-, allí está Villa entre ellos, como cualquier soldado raso.
Hasta su llegada, los ejércitos mexicanos habían cargado siempre con cientos de mujeres y niños de los soldados; Villa fue el primero en pensar en veloces marchas forzadas de cuerpos de caballería que dejaran atrás a sus mujeres. Hasta su época ningún ejército mexicano había abandonado nunca su base; siempre se había pegado al ferrocarril y a los trenes de abasto. Pero Villa infundió terror al enemigo abandonando sus trenes y lanzando al campo todo su ejército efectivo, como hizo en Gómez Palacio. Inventó en México esa forma de batalla, la más desmoralizadora: el ataque nocturno. Cuando, después de la caída de Torreón el septiembre pasado, retiró todo su ejército ante el avance de Orozco desde la ciudad de México y durante cinco días atacó sin éxito Chihuahua, fue una sacudida terrible para el general federal despertar una mañana y descubrir que Villa se le había escurrido alrededor de la ciudad al amparo de la oscuridad, había capturado un tren de carga en Terrazas y había caído con todo su ejército sobre la ciudad comparativamente indefensa de Juárez. ¡No era justo! Villa se encontró con que no tenía trenes suficientes para llevar a todos sus soldados, ni siquiera después de emboscar y capturar un tren militar federal mandado al sur por el general Castro, el comandante federal en Juárez. Así que le telegrafió a aquel caballero lo siguiente, firmando con el nombre del coronel que mandaba el tren militar: "Locomotora descompuesta en Moctezuma. Manden otra máquina y cinco carros". El desprevenido Castro despachó de inmediato un tren nuevo. Entonces Villa le telegrafió: "Líneas cortadas entre aquí y Chihuahua. Gran fuerza de rebeldes acercándose por el sur. ¿Qué hago? ". Castro contestó: "Regrese de inmediato". Y Villa obedeció, telegrafiando mensajes animosos en cada estación del camino. El comandante federal se olió su llegada como una hora antes de que llegara, y se largó sin informar a su guarnición, de modo que, salvo una pequeña matanza, Villa tomó Juárez casi sin un tiro. Y con la frontera tan cerca, se las arregló para pasar de contrabando parque suficiente para equipar a sus fuerzas casi desarmadas, y una semana después salió y derrotó a las fuerzas federales que lo perseguían con gran matanza en Tierra Blanca.