Read "México insurgente" by John Reed online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
En el amanecer temprano, cuando aún las casas bajas y grises y los árboles polvosos estaban tiesos de frío, les pusimos el chicote en el lomo a nuestras dos mulas y salimos traqueteando por las calles disparejas de Jiménez rumbo al campo abierto. Unos cuantos soldados, envueltos hasta los ojos en sus sarapes, dormitaban junto a sus faroles. Había un oficial borracho dormido en la cuneta.
Íbamos en un carricoche antiquísimo, cuya lanza rota estaba remendada con alambre. El arnés estaba hecho de pedazos de fierro viejo, cuero crudo y reata. Antonio y yo íbamos sentados uno junto al otro en el pescante, y a nuestros pies dormitaba un muchacho moreno y de temperamento serio llamado Primitivo Aguilar. A Primitivo lo habíamos contratado para abrir y cerrar portones, para amarrar el arnés cuando se rompiera y para cuidar carruaje y mulas de noche, porque se decía que los caminos estaban infestados de bandidos.