Explore "El nombre de la rosa" by Umberto Eco on Textopian. Read with annotations and highlights.
Donde, a pesar de la brevedad del capítulo, el venerable Alinardo dice cosas bastante interesantes sobre el laberinto y sobre el modo de entrar en él.
Me desperté cuando estaba por sonar la hora de la cena. Me sentía atontado por el sueño, porque el sueño diurno es como el pecado carnal: cuanto más dura mayor es el deseo que se siente de él, pero la sensación que se tiene no es de felicidad, sino una mezcla de hartazgo y de insatisfacción. Guillermo no estaba en su celda; era evidente que hacía mucho que se había levantado. Después de dar unas vueltas, lo encontré cuando salía del Edificio. Me dijo que había estado en el scriptorium, hojeando el catálogo y observando el trabajo de los monjes, siempre con la idea de acercarse a la mesa de Venancio para seguir revisándola. Sin embargo, por uno u otro motivo, todos parecían interesados en no dejar que curioseara entre aquellos folios. Primero se le había acercado Malaquías, para mostrarle unas miniaturas muy exquisitas. Después, Bencio lo había tenido ocupado con cualquier pretexto.