La opinión ajena by Eduardo Zamacois — Read

Explore "La opinión ajena" by Eduardo Zamacois on Textopian. Read with annotations and highlights.

Cuatro días después, a las siete de la mañana, don Higinio pasaba el Bidasoa. Siempre modesto, iba en segunda clase. Acodado sobre una ventanilla, el audaz manchego observaba con ojos de curiosidad y avidez los nuevos aspectos que la realidad le ofrecía. De Irún a Hendaya, a pesar de su vecindad física, ¡qué pasmosa distancia moral! . El paisaje no había cambiado, y, sin embargo, el idioma, los trajes, hasta los tipos, modificados de súbito por la proverbial amabilidad francesa, eran distintos. ¿Debía creerse que una montaña, un riachuelo o un túnel alejasen tanto a unos hombres de otros? . Más que la indumentaria de los gendarmes, admiraba Perea la urbana diligencia y corrección de los mozos de andén. ¿Cómo, individuos que ganaban su vida cargando baúles, podían hallarse tan bien educados?

Cuando arrancó el tren, don Higinio, aunque no tenía sueño, tendiose cómodamente sobre uno de los asientos, feliz de hallarse solo; su portamantas, su sombrerera, su maletín y el bastón de estoque que llevaba aparte, ocupaban una de las redecillas destinadas a equipajes. La idea de que por momentos la distancia que le separaba de Serranillas iba agrandándose, le hinchaba de orgullo. Ninguno de sus conterráneos se había atrevido a ir tan lejos.

Reading navigation