Semana Mayor by Ramón López Velarde — Read

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Una de estas noches tomaba yo en un café la colación que se usa entre gentes de buena conciencia. Era ya la hora solapada en que se nace, se muere y se ama. Con todo, México fingía una necrópolis. Yo, sin ser la Capital, sentíame otra necrópolis. Con la diferencia de que en mí no se recataban alumbramientos, ni agonías, ni el vértigo equidistante de la cuna y la fosa.

Me limitaba a estar un poco triste, según corresponde a un coetáneo de la filosofía médica y de los histólogos que padecen de literatura. Carmelita, mesera 5, con un 5 dorado en un redondel de luto, evolucionaba a mi alrededor, zalamera y ladina. Carmelita, mesera 5, va a ser suprimida por la moral del Gobierno del Distrito. ¿Qué habría opinado sobre esto Monsieur Bergeret? ¡Pobres sacerdotisas del café con leche! No pude ponerme a tono con Carmelita, mesera 5, porque su problema económico, agravado por la virginidad del Palacio Municipal, nublábame de conmiseraciones baladíes. Y como si no fuera bastante la carga melancólica de la fecha, he aquí que en el tablado de la dudosa orquesta, descubro, de violín, a mi antiguo conocido, el Sacristán de Tercera Orden en San Luis Potosí. Los que no sois clericales (¡oh hazaña! ) no estáis capacitados para sentir la tragedia de un sacristán convertido en violinista. Yo interrumpí mi colación para ir a preguntar al sacristán qué pieza acababan de tocar. Con el rubor consiguiente a su metamorfosis, me mostró su papel pautado: Beautiful Spring. ¡Cristo me valga! ¿Querrán Alfonso Cravioto, Juan León o José Romano Muñoz hacer algo por la educación de mi sonoro sacristán? ¡Si se negasen a ello en atención a que se trata de un violín reaccionario. !

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