Explore "La silla del águila" by Carlos Fuentes on Textopian. Read with annotations and highlights.
Pues bien, mi amada y admirada señora, he cumplido una vez más sus instrucciones (que usted eufemísticamente llama "recomendaciones") y me he trasladado al puerto de Veracruz a fin de "hacer méritos" y "pulir mi educación política", como me indica usted. He llegado con una carta de presentación suya para el Personaje.
Allí estaba, tal y como usted me lo dijo, sentado frente a una mesa del portal del Café de la Parroquia, bastón en mano y con un humeante café con leche frente a él. Mantiene el aspecto que usted y yo y el país conocemos. La cabeza noble sobre el cuerpo frágil. La frente amplísima, las entradas como avenidas, el cabello perfectamente cortado, entrecano y muy bien cepillado. (No sé por qué, el Personaje me dio la impresión de que está cepillado de pies a cabeza.) Y claro, lo más memorable en él: la mirada. ¡Qué manera de parecer tan distraído como un gorrión y tan aguzado como un gavilán! Es, realmente, un águila, en todos sentidos y cualquiera que sea el grado de intensidad o distracción, ambas perfectamente calculadas, de mirar. Ningún Presidente de la República como él ha merecido la simbiosis de la persona y el símbolo. Sentado en la Silla del Águila, el Personaje era, él mismo, el águila. Y no la segunda, sino la primerísima.