Explore "Las Tormentas del 48" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Majora canamus. - Igualábame Della Genga en la admiración al nuevo Pontífice y en creerle como enviado del Cielo para devolver a Italia su grandeza, y dar a los pueblos fecundas y libres instituciones. Toda Roma creía lo mismo. Mastai Ferretti sería como un pastor de todas las naciones, que sabría conducirlas por el camino del bien eterno y de la terrestre felicidad. Cuantas disposiciones tomaba el Santo Padre eran motivo de festejos, y las iluminaciones con que fue celebrada la amnistía repetíanse luego por motivos de menos trascendencia. Siempre que a la calle salía Pío IX, se arremolinaba la multitud junto a su carruaje, y los vivas y aclamaciones, repitiéndose en ondas, conmovían a toda la ciudad. Por cualquier suceso dichoso, y a veces sin venir a cuento, se improvisaban procesiones y cabalgatas, y las sociedades que habían sido secretas y ya se habían hecho públicas, salían con sus abigarrados pendones entonando himnos. Pasado algún tiempo de esta patriótica efervescencia, el entusiasmo empezó a degenerar en delirio, y las demostraciones en vocerío y alborotos.
Era Della Genga devotísimo de las ideas de Gioberti, y yo no le iba en zaga. Habíamos leído y releído el Primato degli italiani, y soñábamos con la redención de Italia y su gloriosa unidad bajo la sacra bandera del Vicario de Cristo. Esto pensaba yo, y con inquebrantable fe pensándolo sigo y me creo portador de tan saludables ideas a mi querida patria. Pío IX, que en sus virtudes preclaras, en su poderoso entendimiento y hasta en su rostro plácido y expresivo, conquistador de voluntades, trae el sello de una misión divina, efectuará la restauración civil de la península itálica, inmensa obra que no ha podido ser realidad por no haberse empleado en ella el ligamento de las creencias comunes, de la enseñanza católica. Roma será, pues, la metrópoli de la Italia moral, y cabeza de la política, y creará un pueblo robusto, tan grande por la fuerza como por la fe. El báculo de San Pedro guiará en esta conquista a los italianos, enseñando a la Europa entera el camino de la fecunda libertad. De esta idea y de sus infinitas derivaciones hablábamos mi amigo y yo a todas horas, siempre que nuestra malicia o la frivolidad propia de muchachos no nos llevaban a conversaciones menos elevadas.