Explore "Ángel Guerra" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Su primera excursión después de esta visita frustrada fue hacia la Judería, con objeto de estudiar el camino que Leré debía recorrer para ir desde el Tránsito a su casa, el cual no podía ser otro que la escalerilla de San Cristóbal, la plazuela del Juego de Pelota y Santa Isabel. En la Judería melancólica, toda ruinas, miseria y soledad, paseó mañana y tarde, esperando ver salir a la mística joven de alguna de aquellas casas por cuyos rincones parece que anda rondando aún, entre murciélagos, el ánima empecatada del marqués de Villena. De día, cansado de contemplar los caserones inmediatos al Tránsito (y ya sabía por su amigo Ildefonso el que ocupaban las señoras del Socorro), asomábase al pretil que por aquella parte sirve de miradero sobre el río, y se olvidaba del tiempo, del mundo y de sí mismo, contemplando, como en las nieblas de un ensueño, las riberas pedregosas, los formidables cantiles que sirven de caja a la tumultuosa y turbia corriente. Por su cauce de piedra, el Tajo se escurre furioso, enrojecido por las arcillas que arrastra, con murmullo que impone pavura, y haciéndose todo espuma con los encontronazos que da en los ángulos de su camino, en los derruidos machones de puentes que fueron, en los mogotes de las aceñas que él mismo destruyó mordiéndolas siglo tras siglo, y en las chinitas de mil quintales que le ha tirado el monte para hacerle rabiar. Enfrente, los Cigarrales.
«¡Ah! -pensaba Guerra, mirando en la orilla frontera las fincas de un verde tétrico, con el suelo salteado de azuladas peñas y de almendros y olivos que a lo lejos parecen matas. Yo también tengo mi cigarral, y debe de estar por ahí. No he puesto los pies en él más que una vez, de niño. ¡Y cuánto me gusta ese paisaje severo, que expresa la idea de meditación, de quietud, propicia a las florescencias del espíritu! Allí ¡maldita sea mi suerte! me pasaría yo una temporadita con Leré. si ella quisiera».