El Niño de Guzmán by Emilia Pardo Bazán — Read

Explore "El Niño de Guzmán" by Emilia Pardo Bazán on Textopian. Read with annotations and highlights.

Estos pujos de romanticismo con que venía a España Pedro, le impulsaron a no fijar día de llegada, a no avisar a nadie -ni a aquel primo Carlos Borromeo, con quien sostenía activa correspondencia, y a quien debía comunicación intelectual y cariñosa de que la muerte de O'Neal por algún tiempo le había privado. Disfrutaba misterioso goce pensando que llegaría a San Sebastián como a país extranjero, y que así, de incógnito, penetraría en el Casino, dejando en la estación su malaventurado equipaje, primer piedra en que había tropezado, primer causa de desilusión. Puede ser que entre la concurrencia se encontrase Borromeo… Rozaría su traje, y no le conocería.

Llevábale la casualidad al Casino una de las noches en que se organiza allí el cotillón, después de haberse reunido en la terraza la gente a ver los fuegos artificiales. El cielo estaba estrellado, era suave la temperatura, habíase dormido el mar, y ni un hálito de brisa se solazaba en las copas del denso arbolado del Parque, alumbrado por el reflejo de las luces del suntuoso edificio, que derramaba claridad alrededor. En la terraza, donde Pedro acababa de deslizarse, hervía la multitud, con blando susurro de río y zumbido de poblada colmena; bajo las farolas se aislaban corros, se formaban tertulias, se dividía aquella masa social en núcleos, agrupados bajo la ley de la costumbre o el instinto, delatando hábitos adquiridos, simpatías, afectos. Pedro, solitario, reclinándose en la balaustrada de piedra, miraba el espectáculo -el primer espectáculo mundano que le ofrecía su patria.

Reading navigation