Explore "Los majos de Cádiz" by Armando Palacio Valdés on Textopian. Read with annotations and highlights.
La mojadura y el disgusto postraron en cama á la pobre Soledad. Se le declaró una fiebre intensa y estuvo algunos días bastante grave.
Velázquez, como si le remordiese la conciencia de lo que había hecho, se portó con ella mejor de lo que podía esperarse. Hizo venir al médico y la prodigó todo género de cuidados y atenciones y, lo que aún es más raro, apenas salió de casa. En la de las "Cardenalas" no volvió á poner los pies; pero tal proceder no debía achacarse al amor de su querida, sino á su vidriosa susceptibilidad. Las palabras burlonas de Isabel eran una espina que tenía clavada en el corazón. El orgullo le hizo, pues, renunciar sin dificultad, no sólo á la mano, sino también al trato de la Mercedes. No volvió á acordarse de ella. Soledad, que muy pronto lo advirtió, sintió su alma bañada en alegría celeste, y pensando la inocente que era debido á su cariño, se lo agradeció profundamente. Tal conducta contribuyó infinitamente más á su curación que las recetas del médico.