Explore "Los majos de Cádiz" by Armando Palacio Valdés on Textopian. Read with annotations and highlights.
Como si hubiese tenido una venda sobre los ojos y repentinamente se le hubiese caído, todas las cualidades de Soledad se le aparecieron con maravilloso relieve. Unas veces alababa su cuerpo garrido, otras su destreza en el baile; ahora se fijaba en sus pies torneados, después en su cabellera de ébano. Y con sus partes morales acaecía otro tanto. No había en todo Cádiz mujer más hacendosa y limpia y discreta ni más amiga de la verdad, y se empeñaba en que todos admirasen, como él, sus palabras graves y medidas, su gesto severo y hasta las más leves inflexiones de la voz.
Un día María-Manuela le llamó aparte estando de reunión en la tienda y le dijo en voz baja: