Sancho Saldaña by José de Espronceda — Read

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Y en ciego desvarío, / / lánzase a la virtud, lánzase al crimen. / / VENTURA DE LA VEGA

Algunos días después de esta reñida batalla volvió Sancho el Bravo a descansar en Cuéllar de las fatigas de la guerra, habiendo puesto guarniciones en algunos castillos de los señores que habían tomado parte en la rebelión, demolido otros, y reducido a la obediencia aquella parte de Castilla que primero había tomado las armas. Sólo el Velludo, que en la derrota de aquel día, fatal para los conjurados, había logrado salvarse, andaba aún por aquellos contornos con su partida, burlando la vigilancia de las tropas reales, y algunas veces molestándolas y causándoles descalabros que, aunque de poca consecuencia, obligaban a tener todavía mucha gente ocupada en su persecución. Seguía prisionero Hernando aguardando la muerte con resignación, no dudando que, así como los otros señores que habían caído bajo el poder del rey, sería declarado traidor y acabaría su vida en un cadalso para escarmiento de los que en adelante intentasen seguir su ejemplo. Su conciencia, no obstante, estaba tranquila, y el nombre de traidor en aquella ocasión le parecía que iba a añadir nuevos timbres a los adquiridos honrosamente por sus abuelos. Sólo le molestaba y entristecía el pensamiento de la suerte que quizá esperaba a la desvalida Leonor, si ya no era tanta su desgracia que se hallase deshonrada y envilecida.

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