Explore "La puchera" by José María de Pereda on Textopian. Read with annotations and highlights.
Al día siguiente de estos sucesos, domingo por la tarde, y á punto de anochecer, iba Quilino á todo andar hacia casa de don Elías. Llevaba la cara medio tapada con el moquero, sujeto allí con las dos manos; el hongo con siemprevivas y plumas de pavo real, muy tirado sobre los ojos; la blusa azul con trencillas encarnadas, y los pantalones amarillos con cuadros verdes, muy manchados de polvo por el lado derecho, de arriba abajo. Al desembocar en la "brañuca" que viene á formar una plazoleta delante de la "casa de los Médicos", se halló casi frente á frente con don Elías, que asomaba por otra de las callejas que convergen allí. Indicóle por señas que tenía que hablarle, y el médico se detuvo, con el bastón entre las manos cruzadas atrás, la cabeza algo gacha y los ojos, llenos de curiosidad, clavados en Quilino, á quien no conoció hasta que le hubo mirado y remirado muy de cerca; porque es de advertir que Quilino ni apartaba el moquero de la cara, ni levantaba las alas del sombrero: no hacía más que indicar con la mano izquierda y una mirada tristona y suplicante, que deseaba tratar de su negocio arriba, en casa del médico.
-Pero ¿qué mil demonios te pasa, hombre?-le preguntó por de pronto don Elías, cuya curiosidad necesitaba de ordinario mucho menos que aquel aparato misterioso, para desbordarse y no dejarle instante de sosiego.