Explore "De sobremesa; crónicas 3" by Jacinto Benavente on Textopian. Read with annotations and highlights.
El espíritu público es infantilmente novelero; agradece cuanto le divierte, le conmueve, le apasiona y hasta le atemoriza por unos días; pero no conviene pretender usufructuar su atención durante mucho tiempo. Hay que evitar la frase desdeñosa, muestra inequívoca de su desvío: «¡Ya es una lata!» Todo esfuerzo para reconquistar después la atención es en vano. Aun los espíritus que se juzgan más inquietos tienden á la quietud y, más que los accidentes que alteran la monotonía de su vida, agradecen esa misma monotonía, que justifica mejor sus lamentaciones, por verse obligados á soportar una vida sin accidentes y sin inquietudes.
Los huelguistas de Bilbao no han tenido en cuenta, al ejercitar su propia resistencia, la escasa resistencia de la atención pública. ¿Es que no se iba á hablar de otra cosa durante el verano? Es mucha pretensión. Por el pudor de los contrastes, teníamos olvidada á la mejor sociedad que veranea y luce por esas playas sin otra esperanza de mejor recompensa que nuestra envidiosa admiración. Dejen, dejen ya los huelguistas su triste papel de aguafiestas ó acabarán por perder hasta la simpatía de los más sentimentales. Las bellas y elegantes damas ya no dirán: «¡Pobre gente!», los gobernantes empezarán á juzgaros como perturbadores, el honrado comercio os culpará de sus pérdidas, molestaréis á los buenos aficionados á toros. Recordad la frase de Shakespeare: «¡Qué hermoso es tener las fuerzas de un coloso y no usar de ellas!» Vosotros diréis que, por ahora, son los patronos los que tienen esa fuerza y ellos son los que mejor pueden aplicarse la frase.