Explore "La dama errante" by Pío Baroja on Textopian. Read with annotations and highlights.
La vida en aquel rincón fué para los dos fugitivos muy extraña y distinta de la normal. Se levantaban de madrugada, cuando oían al señor Isidro llamando a sus gallinas, y desde aquellas horas comenzaba para ellos una serie de operaciones que les distraía.
Por la mañana, Aracil, con una paciencia inaudita, machacaba entre dos piedras granos de cebada y avena, y con la especie de harina gruesa que quedaba hacía una pasta, que les servía, como un puré, para el desayuno. Después, sólo con el cuidado de hacer hervir la olla se pasaban toda la mañana.