Explore "De sobremesa; crónicas 4" by Jacinto Benavente on Textopian. Read with annotations and highlights.
Debe de ser un encanto gobernar un país, como ser jefe de una familia en que reine de continuo la mayor unanimidad de pareceres. Si el Gobierno no se ha enterado todavía de la verdadera opinión nacional en los asuntos de Marruecos. Unos que: «Vamos allá, que para luego es tarde, que allí está nuestro porvenir». Otros que: «Nada tenemos que hacer allí, que Marruecos es como los amores y las zarzas, donde, según el refrán, quien en ellos se metiere entrará cuando guste, mas no saldrá cuando quisiere».
Hay señor, de los expansivos y belicosos, que, como caballero particular, le basta con un piso muy reducido, con habitaciones de un metro en cuadro, para todas sus expansiones; pero, como ciudadano español, teme ahogarse entre las fronteras naturales y le parece que le va á faltar aire si, por abajo, no llegamos hasta Tetuán y, por arriba, hasta qué sé yo dónde; como si, por mucho que se dilaten las fronteras, no vinieran á parar al fin en vecindades más ó menos molestas y peligrosas. El Imperio universal está muy desacreditado, por aquello de: «Quien mucho abarca, poco aprieta». Y nadie abarcó ni apretó más que nosotros, y no es cosa lo que nos ha lucido el pelo.