Explore "El misterio de un hombre pequeñito" by Eduardo Zamacois on Textopian. Read with annotations and highlights.
En efecto, era así. El hombre pequeñito observaba la existencia recogida que sus rentas le permitían, al par que el aislamiento más compatible con la ridícula insignificancia de su persona. Durante las horas diurnas era un normal, lívido y grave, á quien la fecunda murmuración pueblerina nada concreto podía reprochar. Su vida extraordinaria empezaba de noche, con el sueño. Entonces su alma huía alborozada, como estudiante que corre al baile, y su ginecomanía ejercitábase insaciable en diversas alcobas.
Semejante á Don Juan, aquel hombre pequeñito tenía un fuerte cariño, una de esas hondas pasiones que, completando los espíritus, los saturan y aquietan; y luego, ora por ironía, ya por mera curiosidad y desocupación espiritual, varios amoríos ó caprichos con que se distraía y aliviaba de las crueles pesadumbres de aquel otro gran sentimiento no correspondido.