Explore "El misterio de un hombre pequeñito" by Eduardo Zamacois on Textopian. Read with annotations and highlights.
-- Advierto desde hace tiempo -- había dicho don Valentín -- que don Ignacio no se muerde más que las uñas de los dedos pulgares.
La observación era rigurosamente cierta. Varios meses hacía que el señor Martínez, apenas se hallaba solo, empezaba á comerse vorazmente las uñas de sus pulgares, y este rasgo de autopofagia acusaba en él una impaciente y colérica preocupación. Su inquietud provenía de la noche en que doña Fabiana se levantó sonámbula para ir á casa del hombre amarillo y pequeñito. Consideradas separadamente, ni la pesadilla de su mujer, ni la de Fermín, el tartanero, revestian verdadera importancia, pues son frecuentes los ensueños que sugestionan á las personas dormidas al extremo de obligarlas á la acción. Lo inexplicable eran el sincronismo y la absoluta concordancia de ambos fenómenos. Don Gil había dicho al tartanero: