Explore "Adriana Zumarán" by Carlos Alberto Leumann on Textopian. Read with annotations and highlights.
Subieron a la habitación de la abuelita, en seguida de comer. La anciana hizo señas a Adriana de acercarse y sus dedos largos y viejos le acariciaron los cabellos. Había una extrema suavidad en su modo y en toda su persona; la tranquilidad profunda del rostro traía el vago resplandor de una belleza apagada por el tiempo.
Ya no salía de la habitación, a causa de la parálisis, y por lo común se absorbía completamente en la reminiscencia de las cosas pasadas; para ella se reducía a sus nietas todo el pálido presente.