Explore "Almas errantes" by Ricardo Catarineu on Textopian. Read with annotations and highlights.
El escenario de esta romería formábanlo una plazoleta y dos amplios prados, casi en la cima de la montaña. En uno de estos pradales alzábase en la linde menguado caserío, del cual descollaba, por lo gigantesco y bizarro, el pardo caserón de los Peñalbas, de vieja piedra sucia, de rotos balcones anchurosos, de rojo portalón claveteado, de borroso grande escudo señorial. En el palacete del Peñalba reinante estaban invitados aquella noche a sentarse a la mesa, entre otros quince o veinte comensales relativamente empingorotados, Mercedes y sus dos amigos.
En la plazoleta, junto a la ermita, alrededor de la cual cubrían zarzas y rosas silvestres las losas sepulcrales, erguíase la casa del capellán, donde por la tarde hubo la anual comilona para todos los curas de la parroquia, con la consabida dorada carne asada, las mejores truchas del Narcea y el más exquisito jamón de Cangas, sin olvidar el clásico arroz con leche, regado todo ello con sidra fuerte y vino de Candamo.