Explore "Jeromín" by Luis Coloma on Textopian. Read with annotations and highlights.
Mientras tanto, no perdía el tiempo Don Juan de Austria, y, reanimado con los primeros socorros que envió Felipe II, trató de sacar los mayores frutos posibles a la victoria de Gembloux. Habíanse replegado los rebeldes después de su derrota hacia Bruselas, temerosos de que Don Juan dirigiese allí su rumbo, y dejándoles él en esta creencia, prosiguió su plan de campaña con admirable estrategia, apoderándose en poco más de un mes de Lovaina, Boubignes, Tillemont, Sichem, Diest, Nivelles y Philippeville. Allí se detuvo extenuado por aquel rudo trabajo, en el que le cabían a él las hondas preocupaciones del general y las duras faenas del soldado, y allí también vino a alcanzarle la noticia de la muerte de Escobedo. Éste fue para Don Juan el golpe de gracia, no consta cuándo ni por quién llegó a su conocimiento; pero mucha priesa debieron darse al comunicarle la fatal nueva, cuando el 20 de abril escribía ya a Felipe II esta hermosa carta, fiel trasunto de su noble, generosa y cristiana alma:
«Señor: Con mayor lástima de la que sabría encarecer, he entendido la infelice muerte del secretario Escobedo, de que no me puedo consolar ni consolaré nunca, pues ha perdido vuestra majestad en él un criado tal como yo sé, y yo el que vuestra majestad sabe; y aunque es esto de sentir tanto como yo lo hago, siento sobre todo que al cabo de tantos años y servicios haya acabado de muerte tan indigna a él, causada por servir a su rey con tanta verdad y amor, sin otro ningún respeto ni invención de las que usan ahora. Y si bien es la cosa más vedada parecer que se juzga de nadie temerariamente, no pienso incurrir en este pecado en este caso, que yo no señalo parte; mas tengo por sin duda lo que digo, y como hombre a quien tanta ocasión se ha dado y que conocía la libertad con que España trataba el servicio de vuestra majestad, témome de dónde le pueda haber venido. Al fin, yo no lo sé cierto, ni no sabiéndolo lo diré, sino que por amor de Nuestro Señor suplico a vuestra majestad con cuanto encarecimiento puedo, que no permita le sea fecha tal ofensa en su corte, ni que la reciba ya tan grande como la que también se me hace a mí, sin que se hagan todas las posibles diligencias para saber de dónde viene y para castigarlo con el rigor que merece.Y aunque creo que vuestra majestad lo habrá ya hecho muy cumplidamente, y que habrá cumplido con el ser de príncipe tan cristiano y justiciero, quiero así mesmo suplicarle que como caballero vuelva y consienta volver por la honra de quien tan de veras la merecía como Escobedo; y así, pues, le quede yo tan obligado, que con justa razón pueda imaginarme haber sido causa de su muerte por las que vuestra majestad mejor que otro sabe. Tenga por bien, suplícoselo, que no sólo acuerde y solicite, como lo haré con todos los correos, quanto toca al difunto hasta que le sea hecha entera justicia y remuneración de sus servicios, sino que pase adelante en lo demás con que debo cumplir como caballero.