Jeromín by Luis Coloma — Read

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Tratan algunos de quimérico el plan de invadir la Inglaterra que proyectaron siempre los dos Pontífices San Pío V y Gregorio XIII, y de iluso y soñador a Don Juan de Austria porque había puesto en este plan todas sus aspiraciones y sus vehementes deseos de gloria. No juzgaba de igual modo lord Burghley, político inmoral, ciertamente, pero el más profundo y de más larga vista que poseía entonces Inglaterra. En una memoria manuscrita, toda de su mano, que cita Mignet, y existe en el Museo Británico de Londres, dice a la reina Isabel de Inglaterra, este matrimonio es el mejor y único medio de volver flamencos: «Si los españoles llegan a someter a los Países Bajos, no desperdiciarán ninguna ocasión de invadir la Inglaterra y unir sus esfuerzos a los de los descontentos del reino; así es que si Don Juan acaba con los Estados, no tardará en volver las armas contra vuestra majestad. Las inteligencias que existen entre él y la reina de Escocia, desde que llega a los Países Bajos; sus entrevistas con el embajador de esta reina, el obispo de Glasgow y la opinión general de que existe un proyecto de matrimonio entre él y ella, son las razones que me hacen pensar así. Según los que desean un cambio de religión en Inglaterra, este matrimonio es el mejor y único medio de volver el reino a la Iglesia de Roma. Por este casamiento, Don Juan tendría un título a la corona de Inglaterra, y entonces se verá al Papa, al rey de Francia, al rey de España y a todos los príncipes católicos prestarle su apoyo: el Papa, por motivos de religión; el rey de Francia, por complacer a la casa de Guisa y para impedir que Inglaterra favorezca a los protestantes de Francia, y el rey de España, por colocar ventajosamente a su hermano. Conceder auxilios a los Países Bajos es, pues, una medida de conservación y de libre defensa para este reino.»

Estas graves razones, que nada tenían de quiméricas para Burghley, decidieron a la reina Isabel y a los señores de su Consejo a socorrer a los rebeldes flamencos aún más descaradamente que lo habían hecho antes, no ya sólo con dinero, sino también con tropas inglesas y escocesas bajo el mando de Norris. Mas como se convencieron bien pronto de que el verdadero obstáculo que se oponía a sus fines era la persona de Don Juan, y de que nada ni nadie era capaz de intimidar su valor, ni de agotar su paciencia, ni de sobrepujar su pericia militar, juzgaron, como había juzgado Orange antes de su retirada de Namur, que el medio más corto y seguro de vencer aquel obstáculo era arrollarlo a traición, quitando a Don Juan alevosamente la vida. Una voz de alerta quiso Dios, sin embargo, que saliera desde el fondo de una prisión y llegase a oídos de Don Juan para impedir este nuevo crimen.

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