Explore "El mendigo" by José Victorino Lastarria on Textopian. Read with annotations and highlights.
Despues de un viaje penosísimo, entramos a esta ciudad una noche a fines de junio: era una noche de invierno, hermosa i serena; la luna alumbraba en todo su esplendor, las calles estaban solas i en silencio. Al pasar por el puente, ví por primera vez este rio cubierto en toda su estension de una neblina delgada que me lo hizo aparecer como el mas caudaloso que en mi vida habia visto. Desde aquel paraje divisaba gran parte de los edificios de este pueblo i veia que sobre ellos se alzaban como fantasmas blancas las torres de los templos: al instante me asaltó el recuerdo de Lima i por consiguiente el de mi vida pasada. Maldije de nuevo a los hombres i me resigné a sufrir hasta alcanzar la venganza que tanto ansiaba. Tales fueron los pensamientos que me ocuparon miéntras llegamos a un cuartel en donde nos dieron posada en la cuadra de los reclutas.
Al siguiente dia nos filiaron i nos vistieron como soldados, i esto me causó a mí mas gusto que a todos mis compañeros de infortunio. Con aquella ceremonia principiaba para mí una nueva vida, un porvenir mas halagüeño que el que habia tenido presente miéntras fuí tratado como criminal. Durante los pocos dias que permanecimos en Santiago, practiqué las mas esquisitas dilijencias para descubrir el paradero de Lucía o de Laurencio, pero no pude obtener la menor noticia. Pensé entónces en abandonar furtivamente las filas, con el fin de buscarlos con toda libertad, i solo desistí de este propósito cuando consideré que mas me importaba lidiar contra los enemigos de mi patria i saciar en ellos mi sed de sangre, que perseguir a una mujer que me habia traicionado tan cruelmente. No podia, sin embargo, apartar su imájen de mi corazon; la adoraba con mas vehemencia a cada instante, porque ya me habia acostumbrado a sus caricias, porque ya habia sentido tiernamente correspondido un amor de toda mi vida.