Explore "Racionalización de la producción y del trabajo" by Antonio Gramsci on Textopian. Read with annotations and highlights.
La tendencia de Leone Davidovi[33] estaba íntimamente relacionada con esta serie de problemas, y me parece que esa relación no se ha puesto suficientemente de manifiesto. El contenido esencial de su tendencia consistía, desde ese punto de vista, en una voluntad «demasiado resuelta (y, por tanto, no racionalizada) de conceder la supremacía en la vida nacional a la industria y a los métodos industriales, acelerar con medios coactivos externos la disciplina y el orden de la producción, adecuar las costumbres a las necesidades del trabajo. Dado el planteamiento general de todos los problemas relacionados con su tendencia, ésta tenía que desembocar necesariamente en una forma de bonapartismo: de aquí la necesidad inexorable de aplastar su tendencia. Sus preocupaciones eran justas, pero sus soluciones prácticas eran profundamente equivocadas; en este desequilibrio entre su teoría y su práctica arraigaba el peligro, peligro, por lo demás, manifiesto ya antes, en 1921. El principio de la coacción directa e indirecta en la ordenación de la producción y del trabajo es justo, pero la forma que tomó era equivocada; el modelo militar se había convertido en él en un prejuicio funesto, y los ejércitos del trabajo fueron un fracaso. Interés de Leone Davidovi por el norteamericanismo; sus artículos, sus encuestas acerca del byt y de la literatura; estas actividades eran menos inconexas entre sí de lo que podía parecer, porque los nuevos métodos de trabajo son inseparables de un determinado modo de vivir, de pensar y de sentir la vida; no es posible obtener éxitos en un campo sin conseguir resultados tangibles en el otro. En América la racionalización del trabajo y el prohibicionismo son cosas indudablemente relacionadas: las encuestas de los industriales sobre la vida íntima de los obreros, los servicios de inspección creados por algunas empresas para controlar la «moralidad» de los obreros, son necesidades del nuevo método de trabajo. El que se burle de esas iniciativas (incluso de las fracasadas) y no vea en ellas más que una hipócrita manifestación de «puritanismo» se niega toda posibilidad de comprender la importancia, la significación y el alcance objetivo del fenómeno norteamericano, que es, entre otras cosas. el mayor esfuerzo colectivo realizado hasta ahora por crear, con rapidez inaudita y con una consciencia de los fines jamás vista en la historia, un nuevo tipo de trabajador y de hombre. La expresión «consciencia de los fines» puede parecer por lo menos irónica al que recuerde la frase de Taylor acerca del «gorila amaestrado». Efectivamente, Taylor expresa con cinismo brutal la finalidad de la sociedad norteamericana: desarrollar en el trabajador, en un grado máximo, las actitudes maquinales y automáticas, destruir el viejo nexo psicofísico del trabajo profesional calificado que exigía una cierta participación activa de la inteligencia, de la fantasía, de la iniciativa del trabajador, y reducir las operaciones productivas al mero aspecto físico, maquinal. Pero, en realidad, no se trata de novedades originales, sino sólo de la fase más reciente de un largo proceso que ha empezado con el nacimiento del industrialismo mismo, fase que es, simplemente, más intensa que las anteriores, y que se manifiesta con formas más brutales, pero que será superada ella misma con la creación de un nuevo nexo psicofísico de tipo diferente del de los anteriores y, sin duda, superior a ellos. Ocurrirá inevitablemente una selección forzada: una parte de la vieja clase trabajadora será despiadadamente eliminada del mundo del trabajo, y tal vez incluso del mundo tout court.
Desde este punto de vista hay que estudiar las iniciativas «puritanas» de los industriales norteamericanos tipo Ford. Es verdad que no se preocupan por la «humanidad» y la «espiritualidad» del trabajador, cosas que ellos aplastan sin más. Esa «humanidad y espiritualidad» no puede realizarse más que en el mundo de la producción y del trabajo, en la «creación» productiva; era máxima en la artesanía, en el «demiurgo», cuando la personalidad del trabajador se reflejaba entera en el objetivo creado, cuando todavía era muy sólido el vínculo entre el arte y el trabajo. Pero el nuevo industrialismo lucha precisamente contra ese «humanismo». Las iniciativas «puritanas» no tienen más finalidad que la de conservar, fuera del trabajo, cierto equilibrio psicofísico que impida el colapso fisiológico del trabajador, exprimido por el nuevo método de producción. Ese equilibrio no puede ser sino meramente externo y mecánico, pero podrá hacerse interior el día que sea propuesto por el trabajador mismo, no impuesto al trabajador desde fuera, sino por una nueva forma de sociedad, con medios adecuados y originales. El industrial norteamericano se preocupa por mantener la continuidad de la eficacia física del trabajador, de su eficacia muscular y nerviosa: es interés suyo el contar con un personal estable, homogeneizado permanentemente, porque también el complejo humano (el trabajador colectivo) de una empresa es una máquina que no debe desmontarse demasiado a menudo y que no puede renovarse en sus piezas singulares sin ingentes pérdidas.