Explore "Crónica de la conquista de Granada" by Washington Irving on Textopian. Read with annotations and highlights.
Al dia siguiente presentaba el campo delante de Baza una escena lastimosa. Los cristianos mostraban en la palidez de sus semblantes los trabajos que habian pasado, y los cadáveres que yacian á montones delante de los cuerpos de guardia, daban indicios de los fieros asaltos sostenidos en el discurso de la noche. Las acequias corrian tintas en sangre; las torres incendiadas humeaban todavia; y el suelo, hollado por las pisadas de hombres y caballos, manifestaba haber sido teatro de terribles conflictos entre sitiados y sitiadores. El Rey, con la experiencia de la noche pasada, se convenció del peligro y trabajo que habria en conservar la posicion que ocupaba, y despues de haber consultado con los cabos principales del ejército, determinó retirar el campo y abandonar las huertas.
Este movimiento, á la vista de un enemigo activo y vigilante, era en extremo arriesgado. Para asegurar el éxito, mandó Fernando reforzar los cuerpos de guardia situados cerca de los arrabales, y colocó en órden de batalla en frente de la ciudad una division formidable para hacer rostro al enemigo. Aun no se habia desarmado tienda alguna, y las banderetas con que se distinguian ondeaban todavia sobre los árboles de la huerta; pero entretanto se trabajaba con calor para retirar todo el equipage del ejército á la posicion donde primero se formó el campo. Al caer de la tarde se dió la señal de abatir las tiendas, y desaparecieron todas de repente; se abandonaron los puestos avanzados, la demas tropa se puso en retirada, y todo aquel aparato militar empezó á desvanecerse de la vista de los moros.