Crónica de la conquista de Granada

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El sitio de Baza, mientras proporcionaba á los generales cristianos el lucir su ciencia y conocimientos militares, ofrecia muy pocas ocasiones á la fogosa juventud española para egercitar sus brios. El tedio de una vida tan monotona y tranquila como la que pasaban en el real, se les hacia insoportable, y suspiraban por acometer alguna empresa de dificultad y peligro. Entre otros caballeros á quienes animaba este deseo, se distinguian Francisco de Bazan, y don Antonio de la Cueva, hijo del duque de Alburquerque. Estando estos dos en conversacion un dia se quejaban de la inaccion á que estaban reducidos, cuando un adalid veterano que los habia escuchado, se les presentó ofreciendo llevarlos á tal parte, que les fuera fácil ganar honra y provecho, y hacer un servicio al Rey. "Cerca de Guadix, decia, hay unas aldeas que ofrecen rica y abundante presa. Conducidos por mí, podreis dar sobre ellas de improviso; y si sois discretos como sois valientes, os llevareis los despojos á la vista misma del Zagal." La proposicion gustó en extremo á aquellos jóvenes ardorosos. Estas expediciones eran muy frecuentes por aquel tiempo; y los moros del Padul, de Alhendin y de otros lugares de las Alpujarras, habian hecho muchas cabalgadas y correrías por el territorio cristiano. Francisco de Bazan y don Antonio de la Cueva, fácilmente hallaron otros caballeros de su edad, que se reunieron á ellos para esta empresa; y muy pronto llegó su número á doscientos caballos y trescientos peones, todos bien equipados y mejor dispuestos.

Guardando muy secreto el destino que llevaban, salieron del real una tarde entre dos luces, y guiados por el adalid, se dirigieron por caminos escusados al través de las montañas. Continuaron su marcha sin detenerse de dia ni de noche, hasta que una mañana al rayar del alba, llegaron cerca de Guadix, y entrando repentinamente en las aldeas, saquearon las casas, prendieron á sus moradores, y destruyeron cuanto no podian llevar consigo. Saliendo despues al campo, cogieron mucho ganado; y reunido todo el botin, se pusieron en retirada apresuradamente, para ganar las montañas antes que corriese la alarma, y la tierra se levantase. Pero habiéndose comunicado inmediatamente al Rey moro, por algunos pastores, la noticia de este arrojo, y del estrago cometido, mandó el Zagal salir á toda prisa seiscientos hombres escogidos á caballo y á pié para recobrar la presa, y traer á los agresores cautivos á Guadix.

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