Explore "Crónica de la conquista de Granada" by Washington Irving on Textopian. Read with annotations and highlights.
Dominada la capital de los moros por tantas y tan fuertes plazas como tenian los cristianos en sus inmediaciones, y privada de los medios de subsistir, hacíase cada dia mas urgente la necesidad de abrir una comunicacion por donde se recibiesen socorros y refuerzos de Ultramar. Todos los puertos marítimos estaban en poder de los cristianos, y Granada, con el corto remanente de su territorio, habia quedado aislada y sin salida. En tales circunstancias dirigió Boabdil su atencion al puerto de Salobreña. De la situacion y fuerzas de esta plaza, tenida entre los moros por inexpugnable, ya se ha hecho mencion en esta Crónica. En ella mandaba por el Rey Católico el general de artillería Francisco Ramirez de Madrid; pero este caudillo se hallaba á la sazon ausente en Córdoba, y en su lugar estaba por alcaide otro capitan muy ejercitado en la guerra.
Boabdil con la noticia que tuvo del estado de la guarnicion, y de la ausencia del alcaide, se dirigió allá apresuradamente con su ejército, esperando por medio de un movimiento rápido apoderarse de Salobreña, antes que el Rey Fernando pudiese venir á su socorro. Los moradores de la villa eran mudejares, que habian hecho juramento de fidelidad á los cristianos; pero la vista del estandarte de su nacion, y el sonido de las cajas y trompetas moras, despertó el amor pátrio en sus corazones, alborotose el pueblo, aclamaron á Boabdil, y dieron entrada libre á sus tropas en la plaza. La guarnicion cristiana, demasiado débil para resistir á tanta fuerza, se retiró á la ciudadela, donde hizo una defensa porfiada, esperando recibir socorros de una fortaleza vecina.