Explore "Crónica de la conquista de Granada" by Washington Irving on Textopian. Read with annotations and highlights.
Mirando estaban el Rey moro y Aliatar las tropas cristianas que avanzaban á dar batalla, sin poder averiguar su número, por la distancia y una niebla que las rodeaba, cuando Boabdil divisando confusamente el estandarte de Cabra, preguntó á su suegro qué bandera era aquella. "Señor, dijo este anciano guerrero, la he estado considerando, y no la conozco. Paréceme que es un perro, y esto traen los de Úbeda y Baeza en su enseña. Si fuese asi, toda Andalucía está movida contra vos, y soy de parecer que os retireis."
El conde de Cabra, al bajar de una loma para acercarse al enemigo, se halló en un terreno mas bajo que los moros; por lo que hizo un movimiento retrogrado con intento de mejorar de posicion. Entendieron los moros que los cristianos reusaban la batalla, y se arrojaron impetuosamente á la pelea; pero el Conde, que ya tenia la ventaja del terreno, los recibió con tanta firmeza, que los hizo detenerse y aun retroceder. En seguida, viendo á los moros revueltos é indecisos, bajó de la altura en que se hallaba, y apellidando Santiago, los cargó con tal furia, que los puso en confusion, y empezaron los moros á huir. Boabdil hizo los mayores esfuerzos para ordenarlos: "Deteneos, les decia, deteneos: no huyais: á lo menos sepamos de quien huis." Los caballeros granadinos, sintiendo esta reconvencion, volvieron por su honor, y por un rato hicieron rostro al enemigo con el valor á que obliga la presencia del Soberano. En este punto llegó Lorenzo de Porres, alcaide de Luque, que asomó por un encinar con cincuenta caballos y ciento y cincuenta infantes, sonando una trompeta italiana. Apenas sus acentos hirieron el fino oido de Aliatar, cuando volviéndose al Rey, dijo: "Señor, esta trompeta es italiana: sin duda se ha revuelto todo el mundo contra vos." Á la trompeta de Porres respondió la del conde de Cabra en otra direccion, haciendo creer á los moros que se hallaban entre dos ejércitos. Saliendo Porres del encinar, acometió por aquella parte. Los moros, amedrentados y confusos por la diversidad de las alarmas, no se detuvieron á averiguar la fuerza de este nuevo contrario; y viéndose acometidos por partes opuestas, sin poder reconocer el número del enemigo, por la espesura de la niebla, dieron las espaldas, y se retiraron poco menos que huyendo.