Explore "Crónica de la conquista de Granada" by Washington Irving on Textopian. Read with annotations and highlights.
Estaban los centinelas de Loja observando, desde las torres de la ciudad, el valle que separa las montañas de Algarinejo, y recorrian con la vista las verdes márgenes del Jenil, con la esperanza de descubrir el victorioso pendon de Aliatar, su ídolo guerrero, y de anunciar el triunfante regreso de su Monarca, cuando en la tarde del 21 de abril, vieron un solo ginete, que venia por la ribera del rio fatigando los hijares de su cansado caballo. Ya desde lejos indicaba el brillo de sus armas que era un guerrero, y estando cerca, conocieron por la riqueza de su armadura, y por los jaeces del caballo, que era un guerrero distinguido.
Entró en Loja desfallecido y consternado; y el caballo cubierto de polvo y de sudor, jadeando de fatiga y enrojecido por la sangre que manaban sus heridas, despues de haber sacado á su dueño del peligro, cayó rendido y espiró en la puerta de la ciudad. Los soldados que estaban en la puerta se apiñaron en torno del caballero, que contemplaba silencioso y triste las agonías de su moribundo caballo, y vieron que era el bizarro Cidi Caleb, sobrino del alfaquí principal del Albaicin de Granada. Los moradores de Loja, viendo á tan principal caballero tan solo, tan abatido y demudado, se abandonaron á los mas tristes recelos y sospechas.