Crónica de la conquista de Granada

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Vuelto Hamet el Zegrí á Ronda, despues de la rendicion de Coin, tomó la nueva de haber marchado el ejército cristiano á poner cerco sobre Málaga, y recibió las órdenes del Zagal para que le auxiliase con alguna tropa. Enviando allá parte de su guarnicion, Hamet, á quien su espíritu fogoso y vengativo no dejaba sosegar, resolvió ejecutar una nueva expedicion, que borrase la afrenta recibida en la batalla del Lopera. La situacion de la Andalucía, destituida de tropas, presentaba la ocasion mas oportuna para una correría por las tierras de aquel reino; y pues el torrente de la guerra habia ido á inundar á la vega de Málaga, ningun peligro habia que recelar en Ronda, aun cuando no fuese tanta la fuerza de sus muros y defensas. Dejando pues en esta plaza una parte de la guarnicion, se puso Hamet á la cabeza de sus Gomeles, y bajó como un huracan á desolar las llanuras de la Andalucía: entró por los estados del duque de Medinasidonia, y corriendo aquella dilatada campiña y fértiles dehesas, arrebató ganados, saqueó pueblos, y efectuó su retirada con poca ó ninguna oposicion; pues aunque las campanas tocaron á rebato, y las hogueras anunciaron la presencia del enemigo, fue tal la rapidez de sus movimientos, que no dejó lugar á la persecucion.

Cargado de despojos y ufano por el buen éxito de esta incursion, seguia Hamet su marcha con direccion á Ronda, cuando al desembocar de uno de los desfiladeros de la Serranía, llegó á sus oidos el sonido lúgubre de la artillería cristiana, que tronaba contra Ronda. Metiendo espuela á su caballo, pasó Hamet adelante; y á medida que avanzaba, crecia aquel estruendo bélico, retumbando, de cerro en cerro. Llegó á una altura, tendió la vista, y con el mayor asombro vió blanquear los campos en derredor de Ronda con las tiendas de un ejército sitiador. El estandarte real tremolaba en medio del campamento, indicando la presencia del Monarca, y el bronce horrísono, vomitando humo y llamas, anunciaba la próxima ruina de las torres de Ronda.

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