El fistol del diablo coverCAPÍTULO 15
CAPÍTULO 15

PARTE IV

El mesón de Balvanera

CAPÍTULO 15Visible text2 paragraphs
Por más golpes que dio Arturo en las puertas de los hoteles, en ninguno quiso el portero levantarse a abrir. No queriendo dirigirse a las diligencias, por ser allí conocido, ni a la casa de Florinda, por evitar en aquel momento una explicación con Celeste, resolvió buscar un mesón, o pasar la noche paseando las calles, caso de que no abriesen, hasta que siendo ya de mañana pudiese regresar a su cuarto. Tocó, pues, fuertemente en el mesón de Balvanera, y allí el huésped se levantó, y aunque medio dormido y gruñendo, abrió la puerta, dio a nuestro héroe las llaves de los dos únicos cuartos que se hallaban vacíos, y un cabo de vela de sebo en un sucio y negro candelero de barro. Arturo subió la escalera, abrió el cuarto, y se disponía a echarse en el banco de piedra, cuando escuchó fuertes y redoblados golpes en la puerta del zaguán. El huésped, que aún no se acostaba, abrió, dando entrada a una cabalgata, que por la fatiga y sudor de los animales, se reconocía que acababa de llegar de lejanas tierras.
-Huésped, necesito un par de cuartos -dijo el que parecía ser el jefe o amo de más de treinta rancheros bien montados y armados.