El fistol del diablo coverCAPÍTULO 2
CAPÍTULO 2

PARTE V

Un paseo en la Quinta de Teresa

CAPÍTULO 2Visible text2 paragraphs
Con la fe, dicen los místicos, pueden trasladarse las montañas de un lugar a otro, pero gentes menos piadosas y más positivas añaden que la fe sin el dinero vale poca cosa, y que en definitiva con el dinero se pueden ejecutar obras maravillosas, y así sucedió en efecto, en la quinta de San Jacinto. Los carpinteros, canteros, albañiles y pintores trabajaron bajo la acertada dirección de nuestros amigos, tan pronto, y con tan buen éxito y gusto, que en pocos días relativamente, las habitaciones, los patios, el jardín y la huerta, se transformaron de tal manera, que el mismo propietario asustadizo que la vendió por tan poco precio, no la habría reconocido.
Hemos ya varias veces visitado la célebre quinta que tan interesante papel representa en esta larga historia, pero no la hemos examinado con la atención que merece, y lo haremos ahora que los artesanos, ocupados por otra parte en hacer su servicio en la guardia nacional, se han marchado dejando en quietud a la propietaria.