CAPÍTULO 19
PARTE V
La ambulancia militar
CAPÍTULO 19Visible text2 paragraphs
Buena estuvo la función de ayer, Sor Micaela. Verdadera función de la Preciosa Sangre; arroyos de sangre, como dicen las ancianas cuando hablan de la guerra. Ese pobre general Blanco, que le entró la bala por un carrillo y le salió por el otro, y vea usted, Sor Micaela, el milagro que hace Dios con las balas. Creí que le había llevado la lengua, que si sanaba quedaría mudo. Pues nada, la lengua inflamada, pero intacta; lo acabo de ver, no sigue mal, aunque no respondo de su vida. Quien escapó en una tabla fue el poeta, su favorito de usted, el poeta Prieto, que le ha regalado a usted los bonitos versos a San Vicente de Paul. Cercado por todas partes de los azules, y en medio de un granizo de balas, no sé cómo no lo hicieron trizas. Don Agustín Reyna y Culebrita se lo sacaron en ancas. Qué diablo de gente esa; por donde quiera se les veía ayudando a los jefes mexicanos. Josesito corrió mala suerte, ya lo conoce usted, Josesito el ayudante del general Anaya. No sé qué le pasó por la cabeza, el caso es que ya me lo encontré de ayudante del general Valencia, la vanidad y el deseo de figurar. Creyó que el general Valencia iba a ganar, y se figuró que sin riesgo iba él también a participar de la victoria, y ahí tiene usted que le salió mal el cálculo. Lo mandó el general a comunicar una orden, y en el tránsito una bala de rebote le dio en una taba. Bajó del caballo dando de gritos y cayó al suelo. El caballo, luego que se vio libre, se escapó. A la hora de la derrota, pasó cerca el Ahualulco, Josesito gritó como un desesperado, el guerrillero lo levantó y se lo echó en ancas, pero a poco, viéndose cercado en una vereda, largó al pobre José en una barranca y se abrió paso con su machete en la mano. Josesito fue hecho prisionero y llevado a San Agustín de las Cuevas. Ya le cuento a usted de los conocidos, Sor Micaela, ahora dígame cuántos heridos tiene aquí.
-Aquí ninguno, doctor; todos están en el hospital de San Andrés o en San Pablo.
