CAPÍTULO 21
PARTE V
El último casamiento
CAPÍTULO 21Visible text2 paragraphs
La zozobra y la fatiga del espíritu habían vencido a las bellas damas de la quinta, y quedaron adormecidas en los sofás y reclinadas unas sobre otras. Carmela, sosteniendo en su seno el pálido busto de Teresa, y Celestina, como acariciando en su voluptuoso regazo, a la llorosa y afligida Apolonia. Mariana, siempre respetuosa, se había retirado de puntillas a recostar a una pieza inmediata. La calzada estaba relativamente tranquila. Algunos indios cargados con sacas de carbón trotaban más que de costumbre, procurando llegar lo más pronto posible a la capital, y los atajos de burros, tan lentos y tan arreados, parecían huir de algún peligro cercano, seguidos de sus dueños que no cesaban de menudearles palos en las ancas; varios soldados de caballería, a pie y sin armas, como que buscaban donde ocultarse. Juan Bolao, dio un vistazo desde el mirador, observó con el anteojo líneas azules de tropas americanas, y grupos numerosos de tropas vestidas de diversos colores, pero parecían confundidas unas con otras. Una que otra humareda indicaba el disparo de un fusil, pero la artillería callaba. ¿Se había hecho la paz o en ese momento se libraba una nueva batalla?
Como el día precedente, aprovechó el sueño de las señoras y salió a caballo seguido de sus criados, resuelto a hacer una exploración más prolija que la anterior, y decidido a buscar a Rugiero, que era el que mejor podía informarle del estado de las cosas.
