Lo unge para sanar, lo unge para liberar

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La imagen de Jesús ungido y consagrado para ungir a su pueblo, comenzando por los más necesitados, nos llena de esperanza y marca el camino también en este momento de crisis profunda en nuestra vida como Nación. El Padre unge a su Hijo con una unción que lo hace un hombre "para" los demás. Lo unge para enviarlo a anunciar la Buena Noticia, lo unge para sanar, lo unge para liberar. Así como no hay nada en el Hijo que no provenga del Padre, tampoco hay nada en Él que no sea "para" nosotros. Jesús es ungido para ungir. Y nosotros, sacerdotes suyos, también somos ungidos para ungir.

En esta escena hay algo especial que llama la atención: Jesús lee a Isaías, se sienta y proclama con unción y sencilla majestad: "Esta Escritura que acaban de oír se ha cumplido hoy". Aunque el Señor ya había estado enseñando en las sinagogas (Lc 4, 15) y su fama se había extendido por toda la región, es evidente que recién está en los comienzos de su misión. Entonces, ¿cómo es posible hablar de cumplimiento? Esta manera de hablar les chocó a sus paisanos y lo desafiaron: "Lo que hemos oído que hiciste en Cafarnaúm, hacelo también aquí en tu tierra" (cfr. Lc 4, 23). Es como decirle: tenés que ir probando con nuevos milagros que sos el ungido. Este pedido de más señales será una constante en los que se niegan a creer en Jesús.

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