Capítulo 39
CAPÍTULO XXXIX
Capítulo 39Visible text2 paragraphs
Tras un sueño tan largo como profundo, desperté en pleno día notablemente mejorado. La hermosa claridad del sol me produjo bienestar inmenso, y además del alivio corporal experimentaba cierto apacible reposo del alma. Me recreaba en mi salud como un fatuo en su hermosura.
A mi lado estaban dos hombres, el hospitalario y un médico militar, que después de reconocerme, hizo alegres pronósticos acerca de mi enfermedad y me mandó que comiese algo suculento si encontraba almas caritativas que me lo proporcionasen. Marchose a cortar no sé cuántas piernas, y el hermano, luego que nos quedamos solos, se sentó junto a mí, y compungidamente me dijo:
